Historias Eroticas
La madurita

Finalmente un día sonó el teléfono y era ella. Me invitaba a cenar a su casa. Por supuesto que acepté su invitación. Cuando llegué no me animé a besarla ni nada. Comimos y charlamos sobre ella, sobre mis estudios, sobre la venta de ropa, y cuando no pude más volví a la carga mientras Graciela lavaba los platos. Me puse detrás de ella, me incliné y la besé y acaricié muy suavemente su espalda, luego mis manos buscaron sus pechos. Sentí una cierta resistencia pero luego ella misma empujó su cuerpo hacia delante para que mis manos aprieten más fuerte sus hermosos pechos y me dijo que eso le producía una sensación muy agradable, que se sentía apenada por lo que había pasado pero que tenía muchas ganas que se repitiera. Yo a esa altura quería lo mismo que ella, me sentía más feliz por cómo se estaban dando las cosas, sabía que era la mujer que yo deseaba. Ella reía ante mi entusiasmo. Se puso de pie y me tomó de la mano y caminó hacia el dormitorio, se detuvo frente a la cama y nos empezamos a desnudar mientras nos besábamos con desesperación. Yo me saqué la camisa y el pantalón y nos metimos en la cama. Ella quería comerme de nuevo. Le pedí que se colocara en dirección contraría a la mía, sobre mi cuerpo, de manera de poder volver a comerme su divina concha. Ella me besa muy apasionadamente, pude sentir su lengua dentro de mi boca jugando, entrando y saliendo, esto me calentaba aun más, se ubicó como le había pedido, mi miembro ya estaba erecto y ella comenzó a lamerlo y chuparlo, le separé los labios vaginales con mis pulgares y comencé a devorar su vagina con mi lengua. Ella sabía como tratar mi verga con su boca habilidosa. Suavemente me apretaba los testículos con la mano. Después de unos minutos de comerla, me concentré en la roseta de su ano. Comencé a lamerlo y a introducir mi lengua. Sus músculos anales se relajaron y pude meter una buena porción de mi lengua dentro de ella. Después de un rato volví a su vagina con mi lengua y le metía un dedo muy despacio, cada vez que e metía la lengua en su vagina aprovechaba para empujar mi dedo mas adentro de ella. Ella realmente le gustaba eso, porque empuja su pelvis hacia mi boca para que el movimiento fuera mas profundo y separaba cada vez mas sus piernas para que mi lengua no deje nada sin comer. Pronto levantó la cabeza, arqueó la espalda y lanzó un agudo gemido. Sus jugos caían en mi boca. Saqué la lengua y le chupé la vagina suavemente para bebérmelos. No podía detener el movimiento del dedo porque quería darle un orgasmo más, del que no se olvidara nunca. Después de unos segundos dejó caer su cabeza, cuando termine de comerme todos sus jugos comencé muy despacio a succionar y lamerle el clítoris. Quería que los dos lleguemos juntos al éxtasis. Me parecía que ella se esforzaba aun más, tenia mi verga atrapada entre sus manos y la lamía con fuerza entrando y saliendo de su boca una buena parte del pene, cada vez más rápido. Sus labios cálidos envolvieron mis testículos y se los fue metiendo en la boca para lamerlos mientras con la lengua seguía el ritmo en mi miembro. Luego se incorporó para besarme y preguntarme si ya estaba listo, le respondí que sí. Me recostó de espaldas a la cama y se subió arriba mío, agarró mi verga con su mano y la guío a su hermosa vagina, se sentó sobre mí muy despacio y podía sentir como penetraba en su interior cálido y húmedo, sentía los latidos de su concha, comenzó a moverse muy despacio, mis manos sobre sus pechos apretando y pellizcando esos pezones muy duros. Ahora se movía cada vez más rápido, me miraba a los ojos y me sonreía, me decía que le faltaba poco, pero quería que lleguemos juntos, no aguanté más y le dije que estaba por llegar, ella me cabalga con mayor fuerza y yo le clavé mis dedos en sus nalgas sintiendo como le estaba dando toda mi leche, ella me apretaba con fuerza la verga y echó su cabeza hacia atrás, puso sus manos sobre mi pecho y me dio uno de sus mejores orgasmos. Nos quedamos un rato, uno dentro del otro, sintiendo cómo nuestra respiración retomaba su normalidad y me dijo que se sentía muy bien a mi lado y que ella tampoco había podido olvidar aquella primera vez. Desde ese día, hicimos el amor como un par de veces más, al principio a escondidas, yo llegaba bien tarde a su casa y me retiraba por la madrugada, después de habernos amado intensamente en la cama. (continuará) Mi mail es toronto@uol.com.ar
 

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